Con el zapateado como latido y el verso como herencia, Tequisquiapan celebró la Segunda Fiesta del Huapango, un encuentro emblemático que consolidó al Pueblo Mágico, un año más, como punto de reunión de la tradición huasteca y que reunió a familias y visitantes de todas partes y de todos los municipios de la región.
En el marco de los festejos patrios del programa Ecos de Libertad, el municipio se vistió de son, falda y sombrero. El Centro Cultural se transformó en un nido de aprendizaje con talleres gratuitos abiertos a todo el público, que transmitieron el orgullo de hacer sonar nuestra historia con las manos y los pies.


Se impartieron el Taller de zapateado tradicional con la maestra Carolina Zúñiga, Taller de artes plásticas inspirada en el huapango con el maestro Alonso de la Cruz, Taller de versificación y Taller de Jarana con Francisco Arce, Taller de violín con Antonio González y Taller de Quinta huapanguera, ambos a cargo de Flavio Neftalí Díaz, quien también encabezó la Mesa de Diálogo «Tecnologías y tradición» en la Plaza Santa Cecilia.
Por la tarde, la Plaza Santa Cecilia se convirtió en el corazón de la fiesta. El programa de presentaciones reunió a lo más representativo del género: la primer participación fue por parte del Grupo de danza folclórica del Tejocote, posteriormente siguieron Trío Armonía Queretana, el grupo femenil Corazón de mi Sierra, Tali y los Díaz del Real, Sembradores del Son y Regiones Huastecas, dichas agrupaciones hicieron vibrar a los asistentes hasta entrada la noche.
La Segunda Fiesta del Huapango no fue solo un festival, fue un reencuentro con nuestras raíces. Desde niños hasta adultos mayores, con parejas llegadas de San Juan del Río, Cadereyta, Ezequiel Montes, Jalpan, Colón y de estados vecinos, Tequisquiapan confirmó que el huapango está más vivo que nunca y que cuando se honra la tradición, el pueblo entero baila al mismo ritmo.

Por Christian